Cordero

Costillas de cordero

Costillas de cordero

Las Costillas de Cordero son el corte más sabroso del cordero joven: carne tierna y...

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Costilla y Riñonada

Costilla y Riñonada

La Costilla y Riñonada de Cordero es la pieza más solicitada en las parrillas campestres...

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Paletilla Entera de Cordero

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Pierna de Cordero

Pierna de Cordero

La Pierna de Cordero es la extremidad trasera del animal, la pieza más grande y...

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El cordero y el cabrito lechal son la quintaesencia del asado español: productos con siglos de historia en la gastronomía de la Península Ibérica, protagonistas indiscutibles de las grandes mesas de celebración —desde la Navidad hasta la Pascua, pasando por cualquier reunión familiar que merezca lo mejor— y símbolo de una tradición ganadera que ha sobrevivido intacta porque el producto final es, sencillamente, irreemplazable. En nuestra selección encontrarás los cinco cortes más representativos del cordero y el cabrito lechal: pierna y paletilla de cordero, costilla y riñonada, y pierna y paletilla de cabrito lechal. Cada uno con su propio carácter, su técnica de cocción ideal y un sabor que conecta con la memoria gastronómica más profunda de la cocina española.

Cordero y Cabrito: Dos Animales, Una Misma Tradición

El cordero y el cabrito lechal comparten el protagonismo del gran asado español, aunque son animales diferentes con perfiles organolépticos bien distintos. El cordero —cría de la oveja, sacrificada entre los 30 y 90 días de vida en el caso del lechal, o entre los 3 y 6 meses en el caso del ternasco o cordero joven— ofrece una carne de color rosado, con una grasa blanca característica y ese sabor inconfundible a ovino joven que tiene sus defensores apasionados en toda España, especialmente en Castilla y Aragón. El cabrito lechal —cría de la cabra, sacrificada antes de las 10 semanas, alimentada exclusivamente con leche materna— es más blanco, más delicado, casi sin grasa, con un sabor más suave y láctico que lo convierte en el favorito de quienes buscan la máxima terneza y delicadeza.

En la mesa española, la elección entre cordero y cabrito es más cultural que gastronómica: Castilla y Aragón se decantan por el cordero lechal asado en horno de leña, mientras que Andalucía, Murcia y el Levante prefieren el cabrito lechal al horno o a la brasa. En ambos casos, la materia prima es la misma: un animal joven, criado con leche materna, cocinado con respeto y con los ingredientes más simples que la despensa mediterránea puede ofrecer.

La Importancia de la Edad y la Alimentación

La clave de la calidad del cordero y el cabrito de primer nivel es la misma desde siempre: animales sacrificados en el momento óptimo, antes de que la alimentación cambie de leche a pasto o pienso y antes de que el carácter del sabor evolucione hacia notas más intensas y menos delicadas. El lechal —ya sea cordero o cabrito— alimentado exclusivamente con leche materna tiene una carne casi blanca, sin grasa periférica desarrollada, con un sabor suave y láctico que desaparece en cuanto el animal comienza a consumir otros alimentos. Este momento óptimo es efímero, lo que hace al lechal de calidad un producto de disponibilidad limitada y precio superior que se justifica plenamente en el plato.

Pierna de Cordero: el Asado Familiar por Excelencia

La pierna de cordero es la pieza más generosa y representativa del animal: la extremidad trasera, con entre 1 y 1,5 kg de peso, que combina carne magra de color rosado suave, muy poca grasa y un hueso central que actúa como conductor de calor y fuente de colágeno durante la cocción lenta. Es el corte para 3-4 comensales, el plato central de la mesa de celebración, la pieza que llena la cocina de aromas desde horas antes de servirse.

El Horno: el Método Clásico Insuperable

La pierna de cordero al horno es uno de los platos más perfectos de la gastronomía española: técnicamente sencillo, con ingredientes mínimos y un resultado que nunca decepciona cuando la materia prima es buena. El método clásico castellano —utilizado en los mesones de Segovia, Ávila y Burgos que han hecho famosa esta preparación en todo el mundo— consiste en colocar la pierna en una cazuela de barro, salarla generosamente, añadir unos dientes de ajo con piel, un vasito de vino blanco seco o agua y hornear a 160°C durante 2,5-3 horas, regando la pieza con sus propios jugos cada 30-40 minutos.

El resultado es una piel exterior crujiente y dorada, con un interior que se separa del hueso con la mínima presión: la carne cede literalmente al contacto porque el colágeno del hueso se ha transformado en gelatina durante la cocción lenta, creando una textura melosa y unos jugos naturales espesos y aromáticos que son, por sí solos, el mejor acompañamiento del plato. No necesita salsa ni guarnición elaborada: unas patatas asadas en la misma cazuela que absorban los jugos son el único complemento que esta preparación requiere.

La Pierna de Cordero a la Brasa

La pierna de cordero también admite la brasa para quienes prefieren el sabor ahumado y la costra de Maillard que el horno no puede proporcionar. En este caso, la técnica de butterflied leg —pierna deshuesada y aplanada— permite una cocción más uniforme y rápida sobre la parrilla: marinada durante 12-24 horas con ajo, romero, aceite de oliva y limón, y a la brasa durante 20-25 minutos por lado a fuego moderado, es uno de los platos de barbacoa más elegantes e impactantes del verano.

Paletilla de Cordero: el Corte Individual del Gran Asado

La paletilla de cordero es la extremidad delantera del animal: más pequeña que la pierna, perfecta para 1-2 comensales, con una proporción de grasa ligeramente mayor y una estructura ósea más compleja que la convierte en una pieza especialmente jugosa y sabrosa durante la cocción lenta al horno. La grasa que recubre la paletilla se funde gradualmente durante las horas de horno y riega la carne constantemente, creando una autolacado natural que hace que la piel exterior brille con un dorado intenso y apetitoso.

La Paletilla de Cordero al Horno en Cazuela de Barro

La receta clásica del lechazo al horno con paletilla en cazuela de barro es el plato que mejor define la cocina castellana: cuatro ingredientes —sal, ajo, aceite y agua o vino blanco— y paciencia. La cazuela de barro es fundamental: su conductividad térmica lenta y uniforme es imposible de reproducir con materiales modernos, y la cocción en barro añade un matiz mineral y una evaporación controlada que hace que los jugos se concentren sin quemarse. Las paletillas de cordero en cazuela de barro, a 160°C durante 2-2,5 horas, son uno de los platos más perfectos y fáciles de reproducir de toda la cocina española.

El punto óptimo es cuando la carne comienza a separarse del hueso por sí sola al tocar la pieza con una cuchara: la articulación cede sin resistencia y la carne se desliza del hueso con la mínima presión. En ese momento —no antes, no después— la paletilla está en su punto máximo de terneza y jugosidad. Servida directamente de la cazuela, en la mesa, con el jugo de cocción reducido como única salsa: la sencillez elevada a categoría gastronómica.

Costilla y Riñonada de Cordero: el Corte de la Parrilla

La costilla y riñonada de cordero es el corte más festivo e informal de la selección: las costillas con el hueso visible, la riñonada con la terneza de la zona lumbar, juntas en el corte más completo del cordero para la brasa o la parrilla. Fáciles de preparar, con un sabor directo y satisfactorio y un tamaño que las convierte en el aperitivo o el plato principal más popular de las reuniones al aire libre.

El Corte Favorito de la Barbacoa Española

Las costillas de cordero tienen una ventaja sobre otros cortes de la barbacoa: su pequeño tamaño individual permite un control preciso de la cocción sin necesidad de termómetro. A la brasa de carbón, a fuego medio-alto, en 8-10 minutos por lado desarrollan una costra exterior dorada y ligeramente crujiente con un interior rosado y jugoso. El sabor del hueso, el aroma del carbón y la grasa del cordero creando pequeñas llamas que aromatizan la pieza son los tres elementos de una experiencia que es, en esencia, la barbacoa española en su estado más puro.

Para una parrillada familiar, las costillas de cordero funcionan perfectamente como aperitivo mientras se preparan los cortes más grandes: su tiempo de cocción corto permite servirlas en los primeros minutos de la sesión, cuando el hambre es máxima y la espera del chuletón todavía es larga. Con sal gruesa, un poco de romero fresco sobre las brasas y aceite de oliva al final: la sencillez que define la mejor parrilla española.

Las Costillas al Horno con Miel y Romero

Para quienes prefieren el horno a la brasa, las costillas de cordero admiten una preparación alternativa igualmente satisfactoria: glaseadas con una mezcla de miel, mostaza, romero fresco y un chorrito de vinagre de Módena, y horneadas a 200°C durante 25-30 minutos, desarrollan una cobertura caramelizada y brillante que combina la dulzura de la miel con el amargor suave de la mostaza y el perfume del romero. Una preparación que transforma el corte más informal en una propuesta gastronómica de nivel, sin ninguna técnica compleja.

Cabrito Lechal: la Máxima Delicadeza del Gran Asado

El cabrito lechal es el producto de mayor fineza y delicadeza de esta selección. Sacrificado antes de las 10 semanas de vida, alimentado exclusivamente con leche materna desde el nacimiento, el cabrito lechal tiene una carne casi blanca —muy poco pigmentada por la hemoglobina, escasa en un animal que apenas ha desarrollado actividad muscular— prácticamente sin grasa periférica, con un sabor suave, láctico y delicado que nada tiene que ver con el sabor más intenso del cordero joven o del cabrito adulto.

La gastronomía andaluza, murciana y levantina ha convertido el cabrito lechal en el plato festivo de referencia: más delicado que el cordero, más exclusivo por su disponibilidad limitada y su precio, y con ese carácter casi etéreo en el paladar que lo convierte en el plato ideal para las grandes celebraciones donde se quiere impresionar sin la contundencia del cordero adulto o el vacuno.

Pierna de Cabrito Lechal: el Corte Festivo por Excelencia

La pierna de cabrito lechal es el corte más generoso y representativo del animal: la extremidad trasera, con un peso de entre 400 y 700 g —significativamente menor que la pierna de cordero—, perfecta para dos comensales en una cena especial. La carne es de un blanco-rosado casi translúcido, sin apenas grasa visible, de una terneza que sorprende siempre la primera vez: la fibra muscular es tan fina y el colágeno tan poco desarrollado que la carne se deshace literalmente con la presión del tenedor tras una cocción lenta adecuada.

La pierna de cabrito lechal al horno es la preparación más valorada de toda la tradición del asado español en las regiones del sur y el levante: en cazuela de barro, con ajo, aceite, sal y un poco de agua, a 150°C durante 1,5-2 horas, produce un resultado de una elegancia y una suavidad que el cordero, con todo su carácter, no puede alcanzar. La piel exterior, si se sube la temperatura a 220°C los últimos 10 minutos, adquiere un dorado intenso y crujiente que contrasta con el interior casi blanco y fundente. Un plato que siempre impresiona y que requiere menos técnica de la que parece.

Paletilla de Cabrito Lechal: el Asado Individual de Lujo

La paletilla de cabrito lechal es la versión individual y más manejable del gran asado de cabrito: la extremidad delantera, de entre 250 y 500 g, perfecta para un comensal en una cena especial o para dos en un almuerzo informal de calidad. Su tamaño reducido la convierte en la opción más elegante para ocasiones donde se quiere la excelencia del cabrito lechal sin la escala de la pierna entera.

La paletilla de cabrito lechal también admite una preparación confitada que lleva la terneza a un nivel extremo: a 65°C durante 10-12 horas sumergida en aceite de oliva con tomillo, laurel y ajo, y después marcada brevemente en sartén muy caliente para recuperar el crujiente de la piel, la paletilla confitada de cabrito es una preparación de restaurante de alta cocina que puede reproducirse en casa con un horno doméstico y paciencia. El resultado —la carne se deshace al contacto, la piel está crujiente, el sabor láctico del lechal se intensifica con las hierbas del confitado— justifica cada hora de espera.

Técnicas de Cocción: Guía Práctica para el Asado Perfecto

El Horno de Leña vs. el Horno Doméstico

Los grandes asadores castellanos utilizan hornos de leña de bóveda que alcanzan temperaturas de 300-350°C y generan un calor radiante desde todas las superficies simultáneamente, imposible de reproducir con un horno doméstico convencional. Sin embargo, el horno doméstico a 160°C con calor por convección y el truco de usar cazuela de barro en lugar de bandeja de metal permite acercarse notablemente al resultado: la conductividad lenta del barro, la humedad retenida en la cazuela cerrada durante la primera fase de cocción y el tiempo suficiente compensan en gran medida la diferencia de temperatura. El secreto no está en el calor sino en el tiempo.

La Regla del Reposo

Tanto el cordero como el cabrito lechal deben reposar fuera del horno entre 10 y 15 minutos antes de servirse o trincharse: los jugos, desplazados hacia el exterior por el calor, necesitan tiempo para redistribuirse uniformemente. Una pierna o paletilla trinchada inmediatamente después de salir del horno pierde la mitad de sus jugos sobre la tabla; la misma pieza tras 15 minutos de reposo tapada con papel de aluminio conserva toda su jugosidad. Este detalle, tan simple como decisivo, es la diferencia entre un resultado correcto y uno memorable.

El Vino en el Asado: No Solo para Beber

El vino blanco seco en la cazuela de horno no es un ingrediente opcional: aporta acidez que equilibra la grasa del cordero, aromas que perfuman la carne durante las horas de cocción y azúcares que caramelizan en el fondo de la cazuela creando los jugos más sabrosos del plato. Un vino blanco simple —no es necesario que sea bueno, solo que sea seco— añade una dimensión al asado que el agua sola no puede proporcionar. Con un vaso de vino blanco en la cazuela y otro en la copa, el asado de cordero o cabrito alcanza su expresión más completa.

Cómo Elegir Según la Ocasión

Para una Celebración Familiar de 6-8 Personas

Dos piernas de cordero al horno en cazuela de barro son la propuesta más clásica, satisfactoria y fácil de ejecutar para una mesa grande. Se preparan prácticamente solas y el resultado siempre cumple las expectativas más altas.

Para una Cena Especial de 2-4 Personas

La pierna de cabrito lechal o dos paletillas de cordero son el formato ideal: tamaño controlado, presentación impactante y el nivel de exclusividad que merece la ocasión.

Para la Barbacoa de Fin de Semana

Las costillas y riñonada de cordero son el corte más directo, rápido y festivo para la parrilla: en 20 minutos sobre las brasas, con sal gruesa y romero, producen el aperitivo más satisfactorio del verano.

Para Sorprender con Algo Diferente

La paletilla de cabrito lechal confitada es la preparación que más sorprende a comensales acostumbrados al cordero: la delicadeza extrema del lechal, la textura que se deshace y el sabor láctico casi etéreo son una experiencia gastronómica que muy pocos han tenido y que ninguno olvida.

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